Tech4Nature: Cómo la innovación de bajo costo y el conocimiento tradicional están ayudando a las comunidades amazónicas a enfrentar un litoral en transformación
Con más de 8.000 km² a lo largo de la costa norte de Brasil, los manglares amazónicos forman uno de los ecosistemas de manglar continuos más grandes del planeta: un escudo vivo entre el océano Atlántico y la gran selva tropical. Durante generaciones, este paisaje ha sostenido a miles de familias que dependen de la pesca, la captura de cangrejos y los recursos forestales para sus medios de vida. Hoy, sin embargo, el litoral está cambiando más rápido que nunca. El aumento del nivel del mar, marejadas más fuertes y una erosión acelerada están transformando la isla de Marajó, cerca de Belém, en el estado de Pará, poniendo en riesgo tanto a las personas como a la naturaleza.
En la Reserva Extractiva Marina de Soure (RESEXMAR), estos impactos ya no son advertencias lejanas; están transformando la vida cotidiana. Las playas se han derrumbado, los bancos de arena han desaparecido y, solo en la playa de Pesqueiro, más de quince viviendas han sido destruidas por el avance del mar. En los lugares donde los cinturones de manglar actuaban como barreras naturales, el desmonte o el adelgazamiento de la cobertura han dejado algunos tramos expuestos, haciendo que las marejadas sean más destructivas. Las familias viven ahora en incertidumbre constante, viendo cómo la línea costera avanza cada año.
Comprender a una línea costera que cambia rápidamente
Frente a este escenario, la iniciativa Tech4Nature, implementada por la UICN y Rare Brasil, está ayudando a la comunidad a enfrentar el cambio climático con algo que durante mucho tiempo les faltó: datos confiables, continuos y accesibles. Aunque el conocimiento tradicional sigue siendo central para entender el territorio, el rápido ritmo del cambio ambiental exige nuevas herramientas. Tech4Nature proporciona ese puente al combinar la experiencia y el conocimiento locales con tecnología moderna diseñada específicamente para contextos remotos y con recursos limitados. La iniciativa en Brasil forma parte de una alianza global más amplia lanzada por Huawei y la UICN en 2020 para ampliar los avances en conservación de la naturaleza mediante la innovación tecnológica.
En el corazón del proyecto en Soure se encuentra una estación oceanográfica y meteorológica de bajo costo, desarrollada por investigadores de la Universidad Federal de Pará (UFPA) e instalada en la región estuarina de la reserva. A diferencia de las estaciones comerciales, que son prohibitivamente costosas para la mayoría de las áreas protegidas, este prototipo es sustancialmente más asequible y escalable. Registra continuamente la temperatura del aire y del agua, la lluvia, la salinidad del agua, la velocidad del viento y el nivel del mar, indicadores clave sobre cómo los patrones climáticos están cambiando en la región. Como los datos se recopilan desde un punto fijo y durante largos periodos, la estación permite crear series históricas para identificar tendencias, como mareas más intensas, temperaturas en aumento o los factores climáticos que impulsan la erosión costera.
Para la gestora de la reserva, Lisângela Cassiano, del Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad (ICMBio), esta tecnología marca un punto de inflexión. “Esta estación meteorológica de bajo costo nos permite crear los datos históricos que necesitamos para entender el cambio climático en la región. Al vincular estas mediciones abióticas con el monitoreo de biodiversidad realizado junto con los pescadores locales, finalmente tenemos evidencia que puede orientar la gestión futura y ayudar a proteger tanto el ecosistema de manglar como los medios de vida que dependen de él”, afirmó.
Monitoreo comunitario y tecnología de bajo costo
Las innovaciones van más allá del equipo. Todos los datos ambientales se están integrando en una plataforma en línea diseñada para el acceso en tiempo real por parte de los pescadores. Una vez en funcionamiento, los residentes podrán monitorear condiciones ambientales—una herramienta crítica en un lugar donde las mareas cambian rápidamente, el riesgo de erosión puede variar de la noche a la mañana, y las zonas de pesca pueden requerir descansos temporales para proteger a las poblaciones de cangrejo. El sistema también ayuda a la comunidad a interpretar lo que ya observa. Si los pescadores notan que los cangrejos están excavando más profundo o que las mareas alcanzan alturas inusuales, podrán comparar esas impresiones con datos concretos en lugar de confiar únicamente en la memoria o la experiencia anecdótica.
Esto es especialmente importante para pescadores como Paulo Torres, quien ayudó a crear la reserva en 2001 para evitar la sobreexplotación del cangrejo-uçá (Ucides cordatus), una especie Casi Amenazada en Brasil y esencial para la supervivencia de cerca de 8.000 personas en la reserva. Este cangrejo —un verdadero ingeniero del ecosistema— desempeña un papel clave en la salud del manglar gracias a su comportamiento excavador.
“El cangrejo es nuestro mayor recurso: es lo que comemos y lo que sostiene a nuestras familias”, explica Paulo Torres, presidente de ASSUREMAS, la asociación local de usuarios de la reserva. “Pero con el cambio climático la situación se ha vuelto muy difícil: el calor ha aumentado, los cangrejos excavan más profundo, los camarones buscan aguas más frías, y todo esto hace nuestro trabajo mucho más duro. También afecta nuestra salud: pasamos más tiempo en el manglar, expuestos al calor extremo, y muchos nos enfermamos por el esfuerzo físico.”
A través de Tech4Nature, estas experiencias están siendo documentadas junto con datos científicos por primera vez. El monitoreo de biodiversidad realizado bajo el programa Monitora de ICMBio ahora se combina con los indicadores climáticos de la estación meteorológica, revelando cómo el cambio climático influye en las poblaciones de cangrejo, la salud del manglar y el ecosistema en general. El proyecto incluye nueve parcelas de monitoreo de manglares y cangrejos en tres sitios de la reserva, así como 1.000 entrevistas realizadas mediante monitoreo participativo de la captura del cangrejo. Los pescadores locales ayudan a identificar áreas de muestreo y participan directamente en la recolección de datos, asegurando que el monitoreo se enfoque en los sitios más relevantes para sus medios de vida.
Construyendo resiliencia basada en evidencia
Esta integración del conocimiento tradicional, la participación comunitaria y la tecnología moderna está fortaleciendo la gestión adaptativa de la reserva. Ahora, las decisiones sobre cuándo ajustar temporadas de pesca o cómo prepararse para mareas extremas pueden basarse en evidencia y no en intuiciones. La excelencia en la gestión de la reserva—construida durante dos décadas de liderazgo comunitario—ya ha sido reconocida internacionalmente. Soure es la primera área protegida de Brasil en unirse a la Lista Verde de la UICN, un estándar global para la conservación eficaz y equitativa.
Para la UICN, el éxito del piloto de Tech4Nature en Soure demuestra lo que es posible cuando la ciencia, la tecnología y el liderazgo comunitario convergen. “Las acciones realizadas en el marco del proyecto Tech4Nature, a través del cual la UICN, mediante su Oficina Regional para América del Sur, apoya a ICMBio, están generando datos científicos esenciales para que autoridades y comunidades locales puedan tomar decisiones más rápidas y mejor informadas frente a impactos climáticos como la erosión costera y los cambios en el ecosistema de manglar”, afirmó Gabriel Quijandría, Director Regional de la UICN para América del Sur. “Y el reconocimiento de la reserva extractiva de Soure como la primera área protegida de Brasil en integrar la Lista Verde muestra que, incluso con el uso de recursos naturales por parte de las comunidades locales, la gestión basada en evidencia garantiza la protección efectiva de la biodiversidad y de los medios de vida que dependen de ella.”
A medida que las presiones climáticas se intensifican a lo largo de la costa amazónica, el pueblo de Soure demuestra que la adaptación no solo es posible, sino que ya está en marcha. Con el apoyo de Tech4Nature, la comunidad cuenta ahora con herramientas para documentar los cambios ambientales, abogar por una protección más sólida y planificar un futuro en el que el manglar —y las familias que dependen de él— permanezcan resilientes.